El camino de la amargura.

EL CAMINO DE LA AMARGURA

 

El nombre de Portería de Jesús le vino del antiguo convento de Santa María de Jesús, hoy palacio de la Diputación. La entrada de este cenobio era por la calle de la Amargura, una de las arterias del lugar, junto con la de la Gloria y el adarve Obras Pías de Roco. El nombre de calle de la Amargura le viene porque hubo un cementerio cercano al ábside de la iglesia de Santa María la Mayor, pues hasta tiempos relativamente modernos existía la costumbre de enterrar los muertos en lugares habilitados en las cercanías de las parroquias.

En la Villa hubo hasta cuatro de estos cementerios a comienzos del siglo XIX, uno por cada templo, a los que se sumaban los de conventos, ermitas y hospitales. Desaparecieron, pero de su recuerdo se encargan escogidos sillares de palacios y casas aledañas, a los que se le grabó a golpe de mazo la palabra cementerio para significar que antiguamente fue lugar sagrado. Con algo de paciencia y buen ojo aún pueden verse esas inscripciones en piedras de zonas esquinadas.

Estos pequeños camposantos prácticamente estaban destinados para los enterramientos de las clases bajas, pues para los de las familias más pudientes de la nobleza éstas habilitaban capillas en los laterales del Evangelio y de la Epístola del interior de los templos, y si acaso los dineros o el prestigio no llegaban a tal punto, los mismos suelos parroquiales daban cobijo a abigarradas tumbas para los linajudos. A la par que todos estos sepulcros, existía el uso de enlutar aquellas capillas y otros rincones de las iglesias con bayetas y paños negros, en memoria y testimonio de los fallecidos, en este caso fueran caballeros, escuderos o pecheros, y esta costumbre, que comenzó para guardar el recuerdo durante un año, acabó por dejar las prendas enlutadas mientras no se cayeran a pedazos, por lo que no es difícil imaginar el aspecto lúgubre que ofrecían las iglesias cacereñas unos siglos atrás.

Acabados los ceremoniales litúrgicos, las clases populares trasladaban los restos desde la iglesia al cercano cementerio parroquial en una procesión que se llamaba paseo de la Amargura.

En 1804 se decidió definitivamente que cada Villa contara con cementerio fuera de la población, pues…

La Santidad del Templo, ¿no exige de justicia que se alejen de allí los depósitos de podredumbre y corrupción?

Era notorio que muchos se retraían de frecuentar ya sus propias parroquias por el temor lógico de quedar contagiados por las nocivas emanaciones de los cadáveres que en sus cercanías estaban pudriéndose, como así lo menciona una Real Cédula. Es necesario mencionar que antiguamente era de poco uso el ataúd, utilizándose para estos menesteres una especie de jaula con listones, con la que se aceleraba la corrupción y destrucción del cadáver, a veces ayudada por el uso de cal viva en casos de muerte por enfermedad contagiosa, y que también no impedían la liberación de olores nada agradables.

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