Las hogueras.

LAS HOGUERAS

 

Y aquí terminaría toda referencia a la onomástica, si no fuera porque hacemos un alto para dar cuenta de antiguas tradiciones populares que tenían lugar en la víspera del santo, aún cuando no estuvieran tanto relacionadas con el patrón sino con los avatares del asedio de aquella primavera de 1229 y las leyendas que circularon sobre lo sucedido en aquellas largas jornadas. Varias fueron las costumbres que dieron matices mágicos a la epopeya, sucesos simbolizados en hacer las hogueras, la batalla de las brevas o buscar la gallina de oro, tristemente perdidas en tiempos muy cercanos.

Las noches del 22 de abril, los niños de cada barrio formaban colosales hogueras con maderas que encontraban en su búsqueda y saqueo, a las que añadían otras que procedían de hogares que se desprendían, en tan inveterada fecha, de viejos muebles que habían aguantado malamente los rigores y humedades del invierno.

Hay quien afirma que se hacían en recuerdo de las hogueras que debieron encender las tropas leonesas durante el largo asedio que sometieron a Hizn Qazris, para calentarse en las frías noches y, de paso, amedrentar a los guardias musulmanes que rodaban la muralla de la fortaleza que defendían.

Hogueras de intimidación, hogueras de victoria… u hogueras de socorro ante la inminente derrota, que festejan el temor que los almohades debieron sentir, en una desesperada llamada de auxilio.

Otra versión del origen de esta costumbre nos recuerda la creencia antigua que apuntaba a San Jorge como santo protector ante los murgaños, arañas negras y patas muy largas abundantes en Cáceres, y con la sola invocación a su protección se decía que el bicho se dejaba arrojar al fuego de dichas hogueras.

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