La ejecución de dos putos.

LA EJECUCIÓN DE DOS PUTOS

 

Volvemos a la Iglesia de Santiago. Su planta actual es muy distinta de la que se alzó en el siglo XIII debido a una profunda reforma que se le practicó tres siglos después por el Arcediano de Plasencia, don Francisco de Carvajal, nos viene a mente una nueva historia, quizá leyenda, siendo su protagonista una imagen del siglo XV que se guarda en su interior, el Santísimo Cristo de los Milagros. Viajamos a 1586…

En aquella lejana fecha, este Cristo presidía las ejecuciones y, siguiendo a Publio Hurtado, cuenta que tal año sacaron a ajusticiar a la Peña Redonda a dos muchachos por un pecado de que fueron acusados, que no era otro que ser putos.

Fuéranlo o no, presidiendo el Santísimo los preparativos de la ejecución, a la vista de todos los presentes primero se soltaron en dos ocasiones los cordeles con que trataban de amarrar a los muchachos a los garrotes, y, para socavo de malas conciencias, al crucificado se le saltaron los clavos, quedando libres los brazos de la imagen.

Ante tales hechos, se exaltaron los ánimos de tantos cuantos asistían a la ejecución, con tal fervor que contagiaron incluso a dos moros que por allí estaban, quienes solicitaron in situ el ser bautizados y convertirse al Cristianismo. Los religiosos gritaron a voces que se trataba de un milagro y lo entendieron como prueba de la inocencia de quienes iban a ser ajusticiados, poniéndolos en libertad. El episodio llegó al extremo de que hay quien afirma que alguno de los testigos murió arrastradamente y tener noticia que los demás fallecieron así.

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