El tesoro de Pachacámac.

EL TESORO DE PACHACÁMAC

 

La riqueza de los Godoy cacereños, y que les ofreció la posibilidad de construir tan bello palacio, y de esa ostentación de la que hablábamos, no fue más que el fruto de un expolio, uno de tantos como se contarían de la aventura indiana.

Y en esa aventura participó Francisco de Godoy, conquistador del Perú siendo lugarteniente de Pizarro, quien, en nombre de éste, fue Alcalde de la Ciudad de los Reyes, Lima, y luego Gobernador de Chile. A cantar sus gestas dedica algunos versos de La Araucana, su autor Ercilla.

De los muchos episodios en los que participó en las Indias, de los más nombrados por las crónicas fue aquél en que celebrándose una reunión para conciliar los bandos capitaneados por Pizarro y Almagro, en 1537, éste último fue enterado por Godoy de la insana intención que el primero guardaba de prenderle al término del encuentro, advirtiéndoselo con un claro y sutil gesto de los ojos al tiempo que empezaba a tatarear las líneas de un antiguo romance llamado La Infanta Seducida:

Tiempo es el caballero

Tiempo es de andar de aquí.

Entendiendo Almagro, que como comúnmente se dice la cogió al vuelo (en ello estaba su vida), empleó una excusa para retirarse oportunamente de la reunión y tomar luego inmediato rumbo a su real, quedando por honor agradecido a su amigo Godoy.

Pero a lo que más interesa aquí fue la rúbrica de su participación en el expolio de Pachácamac. El templo sagrado dedicado a este dios estaba situado en el valle de Lurín, el más hermoso de cuantos valles existen al sur de la ciudad de los Reyes o Lima, de la que distaba cosa de diecisiete o dieciocho leguas. Pachacámac era “el creador del mundo”, y los españoles pronto comprendieron que era en este santuario donde habían de buscar las riquezas de los Incas. No se equivocaron, pues una expedición al mando de Hernando Pizarro encontró lo que parecía ser el ansiado tesoro. En su paso por la mezquita, como así llamó al templo el hermano del conquistador del Perú, no dudó siquiera en derribar la efigie del Dios ante los espantados ojos de sus guardianes, colocando en su lugar la piadosa cruz. Después se llevaron 400 cargas de oro y 2000 de plata, so pretexto de pagar con ellos el rescate de Atahualpa, cosa que luego no hicieron repartiéndose los españoles todo el botín.

Godoy, codicioso como el resto, fue enterado en privado de que aún existían grandes cantidades de oro, plata y otros objetos muy valiosos que los sacerdotes habían tenido oportunidad de enterrar antes de la llegada de Hernando Pizarro. Con el solo acompañamiento de varios amigos de total confianza, partieron en absoluto secreto hacia el santuario y, una vez allí, buscaron en estancias ocultas y abrieron y saquearon tumbas, desenterrando un enorme tesoro, que pasó a engrosar las arcas personales de Godoy y sus acompañantes, siendo no poca la destrucción y rapiña que en escasas horas habían dejado a su paso por el templo de Pachacámac.

Con esta riqueza, venido a Cáceres pudo construir el palacio que lleva su apellido, siendo el primero que se levantó en la Villa con dineros procedentes de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano.

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