Las tres leyendas del mono.

LAS TRES LEYENDAS DEL MONO

 

No falta tampoco quien supone, a pesar de que su fábrica no pasaría inadvertida en la época, que muchos de los pasadizos fueron lugares donde se llevaban a cabo prácticas esotéricas y alquímicas. Y estas creencias es probable que fueran el origen de la más antigua de las versiones que circulan sobre la popular leyenda del Mono, con la que continuamos nuestro paseo en esta hora nona a la sombra de la casa del Mono, una mansión que guarda celosamente el secreto de un corredor subterráneo hacia la cercana casa de Aldana.

Cuentan de un rico mercader, casado con una bella mujer, con quien tenía un hermoso niño. A pesar de aparentar ser cristiano viejo a ojos de la Villa, guardaba con celo su pasado judío, como tantos otros marranos que fueron obligados por los Reyes Católicos a decidir si renunciar a su religión y profesar la fe cristiana, o ser irremediablemente expulsados de España. Oculto a los ojos de su familia y de las gentes de la casa, se dedicaba al difícil y prohibido estudio de la alquimia y otras artes oscuras, y para sus prácticas arcanas utilizaba ocultas estancias y olvidados pasadizos sólo por él conocidos.

En alguno de sus viajes adquirió un mono para hacerlo sujeto de sus experimentos, muchos de ellos crueles y más allá de toda razón. El animal padeció desde entonces terribles e inimaginables tormentos y privaciones, terminando por enloquecer. Cierto día en que la vigilancia a que lo sometía un criado de raza negra era liviana, escapó del misterioso túnel en que estaba confinado y, enajenado y resentido, atacó y dio muerte a su cuidador y luego al resto de personas que vivían en la casa.

En su último aliento, el comerciante maldijo al mono con un profundo anatema, por el cual conjuró al animal a una eterna condena, pues yacería encadenado y convertido en piedra para siempre en el patio de la casa donde había acabado con la vida de su familia, sujeto por el criado que permitió, con su descuido, la locura que se cernió sobre la casa. Y para mayor testimonio del drama vivido, aún le dio tiempo, antes de morir, de transformar a su mujer y a su hijo que yacían a su lado y a él mismo en las terribles y patéticas gárgolas que coronan la fachada.

No falta quien atestigua haber pasado por la zona alguna noche, y escuchar lejanos y dolientes chillidos semejantes a los de un simio, procedentes de más abajo de las piedras de la calle sobre la que se levanta esta casa, donde, según esta historia que terminamos, afronta el mono su eterno martirio preso en el perdido pasadizo.

(Otras dos versiones de la leyenda del Mono, más modernas y difundidas, aparecen a continuación de ésta en el paseo de Historias y Leyendas de la vieja Villa de Cáceres)

Encontrarás ésta y otras historias y leyendas clickeando en:

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