El Cristo de la Muralla

EL CRISTO DE LA MURALLA

 

A la altura de la torre de Bujaco, en el lienzo de muralla que asoma al adarve, una piedra del muro adopta, en curioso efecto, la forma del perfil de una cara. Saliente barbilla, nariz pequeña y achatada, ojo triste con prominente ceja y frente despejada, que algunos inviernos se viste de fino musgo como si quisiera semejar una naciente barba verde. Desde la puerta trasera del Obispado, es necesario esforzarse para encontrar estos rasgos pétreos entre el murmullo de piedra, a algunos metros de distancia.

Hace años, disfrutando de la guía de un afamado cronista cacereño, éste comentó que era un Cristo, el Cristo de la Muralla, que no pudo soportar el dolor que la Villa Intramuros padeció en un ataque aéreo durante la Guerra Civil en 1937, cuyas bombas se repartieron por doquier en la ciudad, con gran aparato y destrozo en la zona de la plaza de Santa María.

Otros cronicones han levantado la historia que antiguamente, cuando un criado levantaba la mano a su señor o era acusado de robo, el dueño de su destino elegía su castigo, bien amputándole una mano en pago de lo que había hecho o, de forma menos severa, mediado el perdón, condenado a trabajar durante un tiempo en los arreglos de la muralla, lo que, si bien pena menor, era trabajo duro y fatigoso, que algunos no fueron capaces de soportar.

Cuentan que el Cristo quedó petrificado ante el dolor que producían las frecuentes injusticias a que eran sometidos tales criados.

Encontrarás ésta y otras historias y leyendas clickeando en:

logo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *